La península de la Magdalena

Actualizado: abr 6

En todo buen viaje que se precie a la capital cántabra , es decir Santander, no puede faltar una visita casi obligada a uno de los lugares más ilustres de la ciudad, su península de la Magdalena. Este bello enclave de unas 25 hectáreas hace las delicias de lugareños, que con orgullo pueden presumir de tener en su ‘tierruca’ un lugar tan hermoso, casi paradisiaco, y por supuesto de los muchos turistas que al año la visitan. Y como si del trenecito turístico ‘el Magdaleno’ se tratase, este reportaje pretende llevar al lector por un recorrido histórico y geográfico de este gran paraje, el cual goza de un entorno envidiable.





El Palacio Real


La historia de la península de la Magdalena está íntimamente ligada a la de la ciudad en que se emplaza, y muy especialmente a una gran obra arquitectónica construida dentro de ella, el Palacio Real. Esta gran edificación, que perfectamente se podría considerar la Joya de la Corona, al menos de Santander, cuenta en su haber con más de un siglo y nació del gran anhelo de convertir a la ciudad en la residencia estival oficial de sus Majestades. En el siglo XIX los facultativos comienzan a prescribir baños de ola para el tratamiento de dolencias. Como consecuencia, la preciosa costa santanderina – De hecho está entre las bahías más bonitas del mundo según el Club de las bahías más bellas del mundo – empieza a llenar sus playas de bañistas pese a estar aún sin urbanizar y alejada de la zona poblada. Los empresarios de la época, a la vista de los acontecimientos van vislumbrando el incipiente y muy rentable negocio que suponía el turismo para la ciudad. El ayuntamiento por su parte, con el Señor Luis Martínez a la cabeza como alcalde, aprueba ofrecer al Soberano Don Alfonso XIII un palacio en la ciudad en el cual relajarse con su familia durante el tiempo estival. La idea de hacer este magnífico presente a la Familia Real venía desde los tiempos de la Reina Isabel II, cuando ella comenzó a darse los recomendadísimos baños de ola por las playas del Sardinero, en Santander. Pero no se logró que la insigne familia tuviera a bien aceptar el presente hasta el año 1906 cuando los Reyes recientemente casados, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, tras visitar la ciudad y hacerles de nuevo el ofrecimiento, aceptaran. Hay que decir que desde este momento la ciudad inició una etapa de esplendor. Todos querían veranear en el mismo lugar que la Familia Real y las grandes personalidades de la época incluso construir una casa cercana a la de los Reyes. Por ello, en las aproximaciones de la península de la Magdalena todavía se observa el reflejo de ese periodo en las construcciones que van de camino a ella. Lujosas casas al alcance de muy pocos y muy próximas al lugar de residencia veraniega de los Reyes o como a la Reina Victoria la gustaba llamar, su ''casuca veraniega''.


Para su construcción se organizó un concurso. Los ganadores fueron dos jóvenes santanderinos recién licenciados Gonzalo Bringas y Javier González de Riancho. El estilo del palacio es pintoresquismo pues mezcla diferentes componentes de origen francés, inglés y algún elemento propio de la región cántabra como los balcones o , más bien, una imitación de solanas que hay en la región, además de tejados de pizarra que protegen del clima lluvioso del norte. El tema económico había sido previsto que se sufragara por suscripción popular, iniciándose el proyecto con un presupuesto de 700.000 pesetas y en el que Ramón Pelayo, futuro Marqués de Valdecilla, fue el principal mecenas. Finalmente, tras realizar algún trámite burocrático por la titularidad del terreno – en un principio pertenecía al Ministerio de la Guerra – y terminar la obra palaciega, el 7 de septiembre de 1912 la ciudad de Santander hace entrega al Rey Alfonso XIII, a título personal, de las llaves del palacio. Se logra así el sueño de convertir a la ciudad en la residencia estival y oficial de la realeza. Este sueño de verano se prolongaría hasta 1930. Un año después se instaura casi repentinamente la II República, y tanto el palacio como la finca y todo lo que ella alberga, pasan a ser propiedad del Estado.


En esta nueva etapa, en 1932 el palacio se convierte en la Universidad Internacional de Verano de Santander. Pensada a lo grande, acudían a ella estudiantes incluso del extranjero. No era para menos, pues al margen de la estupenda calidad de sus cursos, los docentes que impartían dichos cursos eran Miguel Unamuno, Ortega y Gasset, Lorca con su grupo la Barraca… grandes literatos de finales del sigla XIX y principios del XX entre otras grandes celebridades. ¡Quién los tuviera! Sin menospreciar, por supuesto, a los que tengo y tendré. Su actividad se interrumpió con la Guerra Civil aunque en el año 1949 se volvió a refundar como Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Pero el Palacio Real, a lo largo de su existencia ha tenido otras funciones a parte de las ya mencionadas. Por ejemplo, fue residencia temporal para los damnificados en el terrible incendio que asoló la ciudad de Santander en el año 1941 y hasta, hace unos años, set de rodaje para una conocida serie de televisión… Esta ajetreada vida provocó un importante desgaste en el palacio teniendo que ser restaurado en el año 1995.

Con la Monarquía restaurada en España y tras la muerte del Rey Alfonso XIII, su primogénito Don Juan hereda la península. Afortunadamente en 1977 este se la vende al Ayuntamiento de Santander por 150 millones de pesetas. Desde entonces la península de la Magdalena, insignia ilustre de Cantabria, recibe con las puertas abiertas de par en par a todos los visitantes que deseen pasear por ella.


Las Caballerizas



Documento histórico del campo de concentración en 1938. Imagen extraída de El Diario Montañés

Otra visita obligada dentro de esta gran península es sin duda a las caballerizas. Construidas en consonancia con esa mezcla de estilos del palacio- francés, inglés y montañés- fueron edificadas en 1918 pese a estar proyectadas por Bringas y Riancho desde 1914. Se encuentran en una zona privilegiada de la península, muy cerna a la playa y al igual que el edificio principal, a lo largo de su historia sus usos han sido variados… Durante el reinado de Alfonso XIII sirvieron para alojar a la servidumbre que acompañaba a la familia más ilustre del país y dar cobijo a sus corceles. Con la llegada de la II república, hicieron las veces de residencia estudiantil de la universidad que hubo antaño, de la misma manera que lo son hoy día con la de Menéndez Pelayo desde que se volvió a restablecer en la península de la Magdalena . E incluso antes de darle este último uso tan provechoso, ‘acogieron’ entre sus muros a 1.600 reclusos cuando habían sido pensadas para alojar solo a 600… Ello se debió a que durante una buena temporada, de 1937 – 1939, la bonita península de la Magdalena pasó a ser un campos de concentración de los muchos que se crearon por la región y de todo el país para aquellos considerados opositores al franquismo.


La finca


La importancia de esta península se remonta a tiempos arcaicos. Gracias a su ubicación es el punto estratégico más relevante de la localidad cántabra. Desde ella, a lo largo de la historia, se ha podido controlar la ciudad entera ya que da acceso a toda su bahía, como así lo demuestran restos arqueológicos románicos posteriores al siglo I hallados por la zona. Debido a su privilegiado emplazamiento fue propiedad del ejército y se instalaron en ella varios puntos militares clave. Uno es la fortaleza de Santa Cruz, lo que ahora se conoce como ‘la carretera del embarcadero’ o lo que con Alfonso XIII se conoció como ‘el Embarcadero Real’. Otro, la de San Sebastián de Hano, en la parte más alta de la península, en la cual se encuentra el Palacio Real. Esta fortaleza fue tomada por los franceses en la Guerra de la independencia Española. - para el que no se sitúe, esto fue de 1808 a 1814- pero en 1813, los ingleses aliados de los españoles, se colocaron con sus cañones en otro punto estratégico cercano a la península y que primero habían conseguido recuperar, claro está, como es la isla de Mouro - también llamada isla de las palomas por la gran cantidad de palomas que tiene-. Desde ella lograron derrotar a los galos, la cruz de esta moneda es que en el fragor de la batalla también echaron abajo la fortaleza de San Sebastián y la ermita Santa María Magdalena que dio nombre a la península.


Actualmente la Magdalena, completamente libre de escuadrones y conflictos bélicos en general, luce un aspecto muy diferente. Repleta de arbolado, tonos verdes y abrazada por el mar es un lugar idóneo para pasear. En la zona sur cuenta con dos estupendas playas: la Magdalena y los Bikinis. Esta última se hizo muy famosa en los años 60 por ser la primera playa en España en la que se vio esta prenda al ser usada por las estudiantes extranjeras que estudiaban en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

La parte norte no es accesible al mar para el viandante por tener un cinturón rocoso que impide el paso, eso sí, los acantilados que hay bien merecen una foto, muy especialmente cuando el mar cantábrico está bravo y las olas logran profundizar en el parque llegando incluso a alcanzar a las focas que hay en el pequeño zoo situado por esa zona. Por esa parte, algo más al este y al aire libre, apareces en el museo del Hombre y la Mar. Básicamente son 3 embarcaciones, traídas en 1995, que recuerdan a las carabelas la Pinta, la Niña y la Santa María usadas por Cristóbal Colón en su primer viaje a las Indias. Fueron donadas por el marino Vital Alsar Ramírez que había hecho con ellas la misma travesía. Además, donó también la réplica de otra balsa con la que navegó 8.565 millas de Ecuador a Australia en 161 días. Y un último recoveco por ver sería el lugar más secreto de la península, un precioso estanque que no siempre lo fue. Corría el verano de 1988 y la universidad Menéndez Pelayo decidió organizar un concurso llenando la península de esculturas, en concreto 15. Algunas de estas esculturas aún permanecen por el parque, otras en cambio, no. Una de ellas fue ‘la rosa de los vientos’ creada por el artista el austríaco Adolfo Schlosser. En su lugar quedó una base de hormigón, hasta que en 2012 se decidió adecentarlo poniendo piedras alrededor y una toma de agua.



Imagen extraída de palaciomagdalena.com

Si tiene curiosidad en llegar, apunte la dirección. Dejando de espaldas el Palacio Real y a la altura del museo del Hombre y la Mar, por la parte de la carretera que no da a la costa sino al arbolado, se halla un camino el cual tomar. Cerca de él hay pequeñas esculturas de madera que pueden ayudar a encontrarlo. Tras coger el camino y seguir por él unos metros, verá más esculturas de madera entre ellas una silla. Cuando las encuentre sal del camino en dirección izquierda. Después de andar unos pocos metros más dará con el estanque. Como recomendación siéntese un rato a descansar y contemplar el formidable paisaje, saboreando la inspiradora calma que desprende. Porque, al fin y al cabo, no todos los días se puede disfrutar un paisaje así.




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